La década más larga para Guardiola: ¿por qué ha tardado tanto en volver a una final de Champions?

Desde que ganó la última orejona en 2011 con el Barça, se le ha resistido acceder a la final. Su tope han sido cuatro semifinales: tres seguidas con el Bayern y otra en su despedida azulgrana

Guardiola, en el partido de vuelta ante el PSG.

29 de mayo de 2011. Aquel día, en estas mismas páginas, se leía un titular tan contundente como atinado: “La obra maestra de una época”. El Barcelona de Pep Guardiola, uno de los mejores equipos que ha contemplado el fútbol, hollaba una nueva cima al conquistar su segunda Copa de Europa en tres años, la cuarta en la historia del club. Sólo un año después, sin embargo, llegaría el desarme. Guardiola, “vacío”, dejaría el Barça tras sumar una nueva Copa del Rey a sus vitrinas. Y ahí comenzaba un nuevo relato en dos direcciones: el de saber si el conjunto azulgrana podría conservar su excelencia sin el técnico -salvo en 2015, no lo logró- y el de descubrir si él la podría construir en otra latitud, lejos del Camp Nou y de Messi, Xavi, Iniesta, Busquets, Piqué…

29 de mayo de 2021. Exactamente una década después, el mundo conocerá al fin la respuesta a esa segunda incógnita. Porque, sí, Guardiola ha sabido prolongar su éxito tanto en Múnich (siete títulos) como en Manchester (nueve hasta el día de hoy), pero el trofeo más codiciado del fútbol de clubes, el que llevó al Bayern y al City a entregarle las llaves de sus vestuarios, ha sido hasta ahora inalcanzable para él lejos de España. En el horizonte, el reto de ser el cuarto entrenador de la historia con tres Copas de Europa (Paisley, Ancelotti y Zidane) y el sexto que logra el trofeo con dos clubes distintos (Happel, Hitzfeld, Mourinho,Heynckes y Ancelotti). Sumando la que ganó como jugador, se quedaría a una de las cinco que lograron Miguel Muñoz y Ancelotti, omnipresente en este listado.

Un título permitiría también a Guardiola reivindicar su legado en su versión más pura. En Barcelona partía condicionado por una identidad de club muy definida, por mucho que fuera en gran medida coincidente con sus propios planteamientos. En Múnich, su manera de entender el fútbol y la idiosincrasia histórica del Bayern acabaron chocando. En Manchester, en cambio, recibió un lienzo en blanco sobre el que expresarse con total independencia con unos recursos casi infinitos. De la plantilla que recibió en herencia en 2016, sólo sobreviven ya cuatro futbolistas: Fernandinho, De Bruyne, Sterling y Agüero, que abandonará el club el próximo mes. Al resto de futbolistas los ha fichado -o promocionado, caso de Foden y Eric García- el técnico catalán.

LA CULMINACIÓN DE UN PROYECTO

“Hemos invertido mucho dinero, pero no es sólo eso. Si la gente quiere pensar eso, muy bien, pero hay mucho trabajo detrás”, defendía Guardiola el martes tras derrotar al PSG. Y aunque la razón le asiste, los datos revelan que el City es el club que más dinero ha invertido en el último lustro. El Barça (1.040) supera sus 960 millones de euros destinados a fichajes, pero en el balance entre gastos e ingresos no tiene rival: el del City es de 623 kilos mientras que en el resto de Europa sólo su vecino United (553) supera la barrera de los 400.

Semejante inyección monetaria le ha permitido ganar tres de las cinco Premier que ha disputado, bagaje que satisface de sobra a una afición que, como todas las inglesas, antepone el título liguero al europeo. Pero el City ya había levantado dos Premier antes de su llegada. El objetivo, nunca disimulado, de la propiedad emiratí, es alcanzar la cima continental. “Por desgracia, parece que llegar a esta final da sentido a lo que hemos hecho los últimos cuatro o cinco años y eso es un poco injusto”, reivindica Guardiola, de nuevo con gran parte de razón. Más que eso, la cita de Estambul es el reflejo de la ebullición definitiva de un proyecto que, de forma paradójica, ha alcanzado su madurez a partir de la solidez defensiva y no de su virtuosismo ofensivo, que estuvo siempre presente. La larga espera de Pep ha tenido pues un sentido poético. Ahora es cuando su obra es enteramente suya y está culminada a falta de sólo un verso por redactar, el más importante de todos: ganar la Champions una década después.

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